El capítulo XII consistió en una instalación en las calles de la ciudad de México. Esta instalación se compone de diferentes estaciones, y la unidad que les da sentido a cada una de ellas es la idea del tiempo, la apropiación de este y el anhelo de libertad de elección y ejercicio del tiempo de cada persona como un ideal de dignidad.
¿Realmente somos dueños de nuestro tiempo, o este obedece a intereses del propio sistema? ¿Somos libres de elegir qué hacemos, cómo lo hacemos y cuándo lo hacemos? ¿Qué es el tiempo libre y a qué lógica obedece? ¿Libre de qué o quién? Estas eran algunas de las preguntas que intentábamos explorar en cada activación. Las estaciones se podían recorrer de manera libre y aleatoria, no había una duración específica y se buscaba que se activaran de manera autónoma. El muro de los pendientes, el tapete del limbo atemporal, la máquina de escribir para redactar una carta al dueño de tu tiempo y el tendedero de los sueños del tiempo libre, fueron las diferentes secciones que activaron este capítulo.